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Decidido a no permitir que una puerta cerrada te derrote, te arrodillas frente al ojo de la cerradura e intentas forzarla. Sólo te lleva unos segundos conseguirlo, pero en el momento que lo haces, el hechizo que protege al mecanismo libera una poderosa descarga de energía.
La descarga recorre tu brazo hasta llegar a tu cabeza donde explota con un destello cegador. Pierdes 5 puntos de RESISTENCIA. Tus defensas psíquicas atenúan el daño que sufres, un daño que habría matado a un hombre más débil, aunque el inesperado impacto te hace gritar involuntariamente.
La puerta ya no está cerrada y te apresuras a franquearla, ansioso por recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, tu grito no ha pasado inadvertido y en cuanto entras en la sala tras la puerta, una criatura recién despertada por tu grito de dolor te encara.
