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Hay una ligera pendiente hacia el túnel y, paulatinamente, cuando el suelo de piedra asciende, sientes una corriente de aire caliente que sopla suavemente en tu cara. Resulta confortable aunque no resulta del todo bienvenida ya que el aire es pegajoso y húmedo, como si una gran bestia de la jungla exhalara su aliento en el corredor.
A lo lejos oyes el rugido de un fuego, y otro sonido —chillido— que te advierte de que más adelante hay Vazhag. Avanzas, oculto por tus habilidades Magnakai, y entras en una enorme cámara iluminada por la violenta luz del fuego volcánico. Desde un cráter del centro de la cámara, un surtidor de fuego dorado se eleva hasta una altura enorme, y nubes de vapor llenan el techo de la caverna presionando contra la húmeda roca. Alrededor del cráter hay pequeñas cabañas, construidas con la escoria volcánica obtenida del borde del pozo. Las cabañas albergan una colonia de Vazhag; cuentas más de cincuenta hembras y crías que corretean alrededor de sus rudimentarias moradas, y estimas que podría caber, como mínimo, el mismo número de criaturas dentro de las chozas.
Usando tus habilidades, y con la ventaja de las temblorosas sombras que danzan sobre los ásperos muros de la caverna, rodeas el asentamiento sin ser visto. En el extremo más alejado hay un arco con forma de cebolla vigilado por seis Vazhag machos, todos ellos fuertemente armados y con armadura. Te acercas un poco más, confiando en que tus habilidades naturales te permitan dejar atrás inadvertidamente a estos roedores gigantes, pero una sobrecogedora visión hace que te detengas. Unos metros detrás del arco se alza un portal enorme, un muro de sólido hierro negro.
Si posees Maestría en Caza, pasa al 342.
De lo contrario, pasa al 127.

