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Aprietas los dientes y clavas tus ojos en la plataforma de observación mientras esperas que la cadena llegue al final de su arco. En el momento en el que el impulso cesa, te sueltas y sales volando por los aires hacia la barandilla de la plataforma. Has calculado el salto a la perfección. Pasas por encima de la barandilla y aterrizas en el suelo de metal, ruedas para atenuar el impacto, entonces te pones en pie de un salto y sales corriendo hacia la tentadora oscuridad que ofrece la entrada de servicio de la plataforma.
