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Tu arma rebota en la cabeza de la criatura tras golpearla, abriéndole una herida que la mata en el acto. Pero la fuerza del impacto no es suficiente como para evitar que su manos alcance el botón. Cuando la criatura cae sin vida en el suelo miras fijamente, con creciente miedo, el botón de alarma pulsado.
