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Tus defensas Magnakai son demasiado débiles como para resistir la ola de energía psíquica dirigida contra tu mente. Ésta atraviesa tus defensas y explota, como una ardiente bola de plasma blanco y caliente en lo más profundo de tu cerebro. Cada nervio de tu cuerpo queda abrasado por la explosión y, mientras luchas por permanecer consciente, tu cuerpo se contorsiona por el espantoso dolor: pierdes 12 puntos de RESISTENCIA.
Cuando la agonía se desvanece y recuperas tu capacidad de pensar con coherencia, eres vagamente consciente de que otra entidad hostil se acerca, atraída por tus alaridos psíquicos. Entonces, desde las negras sombras de los fosos, te llega un rugido espantoso y retumbante. Algo enorme se está agitando en los oscuros pozos. Cuando las macabras risotadas de la horda se vuelven más agudas, te giras y ves tres cabezas gigantes de aspecto felino que se alzan hacia la luz; cada una de ellas sobre un cuerpo serpentino, grueso como el tronco de un árbol. Muestran sus colmillos y se sacuden la maraña de huesos humanos que cuelgan de sus hediondas y verdosas melenas.
La visión de esta criatura impía te hace retroceder aturdido y lanzas un grito de incredulidad. Tu grito se pierde entre el aluvión de estridentes aullidos, aunque las criaturas felinas actúan como si lo hubiesen oído y, juntas, salen rezumando de sus oscuras y malolientes guaridas, y se deslizan lentamente hacia tu posición.
Si posees la Gran Maestría de Embestida Psíquica, pasa al 80.
Si no posees esta Disciplina, pasa al 38.
