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Alzas la Sommerswerd y atrapas el fuego mágico en el plano de su hoja. Se produce un estallido ensordecedor y sientes una sacudida electrizante recorrerte el brazo cuando la llama es reflectada y enviada crepitando a su invocador. Él contempla la bola de fuego con una mirada de fría indiferencia y procede a envolverse en un capullo brillante de pálida luz azul. Las llamas se abren cuando colisionan con el armazón protector, fluyendo sin causar daños alrededor de su cuerpo, y desapareciendo en la antecámara.
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‘Sólo hay alguien que empuña semejante espada,’ escupe, apuntando a la Sommerswerd con su vara llameante.
‘¡Y yo te veré perecer bajo ella, Cadak!’ respondes desafiante.
‘¡Ha!’ se burla, ‘Me alegra que el destino te haya hasta mí, Lobo Solitario, porque serás tú quien muera. ¡Date la vuelta y enfréntate a tu némesis!’

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