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Justo cuando los dos hombres rata acaban de terminarse su almuerzo, un grupo de Vazhag, acompañado por un Druida Cener vestido con túnica roja, entra en la cueva a través del arco que está en el extremo opuesto del lago. El Cener indica a los Vazhag que se ocupen de un aparato que parece un cabestrante y, a medida que operan este chirriante elevador, el puente levadizo comienza a descender lentamente. En cuanto está totalmente bajado, el druida y su escolta lo cruzan en fila, arrastrando los pies. Se encuentran a la mitad cuando se produce un burbujeante movimiento del agua y la superficie del lago comienza a agitarse, como si estuviese hirviendo. Un súbito miedo se apodera de los Vazhag. Se detienen de golpe, chillando y moviéndose nerviosamente mientras miran aterrorizados la espumeante agua. Entonces el Cener les grita que se retiren y ellos se escurren por donde han venido, con los dos Vazhag que viste antes siguiéndoles los talones.
Los primeros en retroceder llegan hasta el cabestrante y empiezan a darle marcha atrás tan rápido como pueden. Ves tensarse las cuerdas del puente y, con un lastimero crujido, el pesado puente de madera se eleva. Temiendo que pudieras quedarte atrapado en el lado equivocado del lago, te lanzas corriendo y saltas al extremo del puente.
Como si fueras una lapa, te pegas a las madera húmeda mientras el puente se pone casi vertical. Sin embargo, antes de que el puente esté completamente replegado, los Vazhag sueltan el cabestrante y huyen por el arco, sin haber advertido que estás colgando del extremo del puente. Por un momento te alivia que los hombres rata y su amo druida hayan desaparecido, ya que no te agrada el pensamiento de ser descubierto en una situación tan vulnerable. Desafortunadamente, tu tranquilidad dura poco, porque a los pocos segundos de que hayan desaparecido, te encuentras cara a cara con la causa de su terror.
