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Te apretujas en un hueco del muro del túnel norte y esperas, conteniendo la respiración, mientras el sonido del grupo que se acerca aumenta. La luz de las antorchas parpadea, proyectando rayos de luz amarilla a través de la caverna; entonces los primeros del grupo entran y atisbas lo repulsivo de su aspecto. Una patrulla de seis Vazhag entra en fila dentro de la caverna. Cada uno de ellos es tan alto como un Sommerlundés joven y todos están armados con armas rudimentarias y herrumbrosas. Cubren sus peludos cuerpos de rata con fragmentos de armaduras y uniformes que una vez pertenecieron a soldados humanos. Se encuentran a más de seis metros de tu escondite pero incluso así despiden un vil hedor a suciedad y enfermedad tal, que te ves forzado a echar mano de tu Disciplina Magnakai de Concentración para contener las arcadas.
Se detienen a los pies de las escaleras de piedra y se comunican entre sí por medio de agudos chillidos que te recuerdan al ruido que hacen las bisagras oxidadas de una puerta, y continuamente lanzan furtivas miradas al túnel oeste como si estuvieran esperando la llegada de otros compañeros. En unos minutos otro miembro de su patrulla llega, pero esta criatura no es de su raza: tiene el tamaño de un humano. Sin embargo, la túnica con capucha escarlata que lleva hace que te resulte difícil estar completamente seguro de que la criatura sea humana.
Los Vazhag dejan de chillar cuando el encapuchado levanta una mano enguantada y empiezan a moverse al túnel sur. Por un momento, alcanzas a ver la máscara verde de cristal que cubre su cara, y enseguida la reconoces: es una jazak, la máscara ritual de un Druida Cener.
Si quieres tender una emboscada a esta patrulla, pasa al 289.
Si prefieres dejar que abandonen la caverna por el túnel sur, pasa al 198.
