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Sin hacer ningún sonido levantas tu arma y tensas tus músculos preparado para golpear. Al principio el Vazhag y el Cener no parecen darse cuenta de tu presencia. Pero cuando se mueven para entrar en el túnel sur, el Vazhag repentinamente se para en seco y empieza a chillar frenéticamente.
El repentino peligro hace que te pongas en acción y, como una pantera hambrienta de muerte, rápida y silenciosamente saltas en medio de los Vazhag, abatiendo a los dos más cercanos con amplio golpe circular. Antes de que hayan caído pateas el pecho de otro y sientes cómo sus costillas se rompen bajo el impacto. Un golpe lateral acaba con el cuarto, separando limpiamente su cabeza de los hombros. Te detienes para recobrar el aliento y ves al resto de enemigos retroceder sorprendidos y confusos.
Intentan desenvainar sus armas torpemente mientras el Cener les grita que venguen a sus camaradas abatidos. Un Vazhag reúne suficiente coraje para atacarte pero esquivas su silbante golpe de espada con facilidad. Antes de que pueda volver a atacar, despachas a la bestia con una rapidísima puñalada en el corazón. Tu golpe está ejecutado con tal economía de movimientos que, para el druida y el último Vazhag, parece que no te has movido. Para el Vazhag superviviente esto es el colmo y, dando un chillido de extremo terror, suelta su antorcha y su arma oxidada y abandona al druida buscando la oscura seguridad que ofrece el túnel meridional.
Maldiciendo vilmente, el Cener retrocede hasta que su espalda choca contra el muro de la caverna. Su máscara le oculta toda la cara, pero aun así puedes sentir el llameante odio que se vierte a borbotones desde sus ojos, como si fuera un chorro de fuego líquido. Alzas tu arma y avanzas, ansioso por terminar con él rápidamente, pero te detiene un súbito e inesperado pulso de energía que se estrella como una ola contra tu mente.
Si posees Muro Psíquico, pasa al 107.
Si no posees esta Gran Maestría, pasa al 272.
