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Al avanzar lentamente hacia el portal de hierro, tus súper sentidos te alertan de una fina grieta que discurre verticalmente por la pared de la caverna. Pasas los dedos por la rendija y tus yemas detectan un sutil cambio en la presión del aire. Inmediatamente te das cuenta de que has topado con una puerta secreta.
Con impaciencia tus ojos buscan, en el muro contiguo y en el suelo, una palanca o un pestillo oculto. Te lleva unos minutos, pero finalmente encuentras lo que estás buscando: una tapa de piedra con bisagras cubre una palanca dispuesta cerca del muro a poca altura del suelo.
Si deseas tirar de esta palanca oculta, pasa al 115.
Si deseas ignorarla, pasa al 127.
