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Tu flecha atraviesa el malvado corazón del druida. Da unos cuantos pasos vacilantes; entonces alza sus brazos y profiere un grito agónico antes de desplomarse sobre las zarzas espinosas.
Corres hasta donde ha caído y la curiosidad de empuja a a quitarle su máscara verde y mirar la cara de este sirviente del mal. Es un rostro feo, corrompido por la enfermedad, con forma humana pero carente de cualquier rastro de humanidad. De mala gana le registras y encuentras los siguientes objetos:
- Daga
- Túnica Cener (Si la conservas, este objeto ocupará 2 espacios en tu Mochila)
- Máscara Cener
- 20 Lunas (equivalen a 5 Coronas de Oro)
Si decides quedarte con alguno de estos objetos, recuerda anotarlo en tu Carta de Acción.
Tus habilidades Magnakai te indican que la vara dorada ya no posee ninguna aura mágica; sus poderes destructivos se desvanecieron en cuanto su portador expiró. Te agachas para arrancarla de la mano del druida muerto, pero tan pronto como tus dedos tocan su superficie metálica se desintegra en un fino y nauseabundo polvo.
Con el crepúsculo a menos de una hora, abandonas el claro por la brecha y te apresuras por el camino embarrado que hay detrás.
