Los Señores de la Plaga de Ruel

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Un poco después de medianoche, el Capitán Cearmaine y tú salís de Stonewatch cabalgando sobre las grupas de dos veloces corceles Slovarianos. Es otra noche sin luna y la llanura está envuelta por la oscuridad, sin embargo no tienes ninguna dificultad para ver el terreno que está delante. Usando tu habilidad Magnakai del Arte de Cazar, cada contorno de los pastizales al sur de Stonewatch se revela ante tus ojos de águila. El Capitán no es tan dotado; sin embargo, las gafas especiales que lleva compensan totalmente su falta de visión nocturna. Fueron una muestra de gratitud del Jefe de Chaman por sus servicios en la defensa de Gleesh durante la guerra contra los Señores de la Oscuridad, y muchas veces le han sido útiles al explorar las fronteras de su país con Ruel.

Tardáis una hora en llegar a las estribaciones de las Montañas de Skardos. Aquí, las fértiles praderas de Palmyrion dan paso a un terreno accidentado y lleno de maleza, interrumpido por profundos cañones y bruscos acantilados. En la oscuridad total tus ojos ven un camino que recorre las laderas escarpadas hacia el fondo de un profundo cañón. El Capitán toma la delantera y tú le sigues de cerca mientras desciende hacia la boca de un estrecho barranco, situado en el extremo del cañón. Dentro del barranco, el camino se retuerce y gira como el rastro de una serpiente, y penetra entre dos altas paredes de roca maciza. Extraños sonidos de animales surgen de huecos en la pared rocosa, y sientes un escalofrío premonitorio al cabalgar dentro de esta poco acogedora garganta.

Finalmente el camino se ensancha y se divide en dos. El Capitán gira a la izquierda y, en unos minutos, divisáis una fisura en la pared de roca. Desmontas en silencio y te acercas a la abertura con precaución.

‘El pasaje conduce al Camino de Skardos,’ susurra el Capitán Cearmaine. ‘Es una ruta directa hacia Mogaruith, pero extremadamente peligrosa. Más de una docena de mis más valientes exploradores se han aventurado por ella para, por desgracia, no volver jamás. Nadie pensaría que sois un cobarde si renunciarais a entrar y volvierais conmigo a Stonewatch.’

‘Volveré a vuestra fortaleza, Capitán,’ contestas con la voz tranquilamente resuelta, ‘pero no hasta que mi tarea en Mogaruith haya sido completada.’

El Capitán sonríe y levanta su acerada mano como homenaje a tu valiente determinación. ‘Muy bien, mi señor. Que así sea. Hasta que ese feliz día amanezca rezaré por vuestra seguridad y éxito.’

Entonces gira su caballo, toma al tuyo por las riendas, y se despide antes de volver a Stonewatch. ‘Que los dioses os protejan y que nos libren rápidamente de la oscuridad de Mogaruith.’

Le devuelves el saludo y ves cómo cabalga a lo largo del desfiladero con tu corcel detrás de él. En cuanto desaparece de tu vista, te das la vuelta y te preparas para entrar en la oscura grieta.

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