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Cuando el último de los hombres rata sucumbe a tus mortales golpes, miras hacia el puente y ves al Druida Cener balbuceando de miedo. Está horrorizado por la facilidad con la que te has deshecho de su escolta. Nerviosamente se recoge la túnica y corre hacia la seguridad del túnel por el que él mismo y sus ahora difuntos subordinados entraron a la cueva. Preocupado por no permitir que escape y dé la alarma, trepas fuera de los bajíos y te encaramas al puente levadizo a tiempo de ver su roja silueta desapareciendo en el pasadizo.
El túnel más allá del puente es estrecho pero está bien iluminado y no te resulta difícil seguir a tu presa. Rápida y sigilosamente te acercas a él como un león que corre para atrapar a un asustado cervatillo. Él mira sobre su hombre continuamente a medida que te acercas; entonces, desesperado, se detiene de golpe bajo uno de los muchos cuencos colgantes que iluminan el pasadizo. Alza ambas manos como si se rindiera, pero cuando te aproximas a él agarra la parte inferior del pesado cuenco y lo empuja hacia ti. De repente, un galón de aceite hirviendo se derrama sobre tu cara desprotegida como un torrente ardiente.
Si posees Psicoquinesia, pasa al 324.
Si posees esta maestría, pasa al 22.
