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En el instante en que matas a la última criatura se hace un inquietante silencio en el lugar. El espantoso aullido de la horda ha cesado y ahora sus salvajes caras se crispan con pena mientras observan los destrozados restos de las bestias del foso, que se retuercen y convulsionan en sus últimos estertores.
Te giras para enfrentarte a la horda, con una fría mirada que les reta a acercarse si se atreven. Pero ninguno tiene la voluntad para seguir y lentamente, uno por uno, se giran y se funden con los árboles cercanos, como fantasmas en la niebla. Adviertes una cadena de cobre de buena calidad que yace en el suelo ensangrentado, cerca del borde del foso. La recoges y entonces descubres que está unida a una llave incrustada en el barro. No sientes ninguna aura maligna que envuelva a esta llave, y su talla y toscas marcas no te dicen nada sobre su procedencia.
Si deseas conservar esta Llave de Cobre, recuerda anotarlo en tu Carta de Acción.17
Abandonas los fosos y avanzas deprisa por el frondoso túnel. Durante varios kilómetros te mueves en una penumbra solamente rota por algunos rayos dispersos de luz grisácea que a duras penas se abren paso por el techo. Al final el túnel termina y emerges en un claro ocupado por los restos derruidos de una antigua vivienda de piedra. Te acercas cautelosamente, sintiendo la presencia de magia, pero dentro de los muros derrumbados no encuentras más que moho y matojos de enfermiza hierba negra. Entonces tus habilidades de adivinación comienzan a estremecerte cuando el presentimiento de hechicería aumenta. Inmediatamente te das cuenta de que su origen no está en esta casucha en ruinas: se aproxima al edificio.
Por una rendija en las piedras ves aparecer una brecha en el muro de árboles y un grupo de Vazhag entra en el claro, con sus malhumoradas caras olfateando el pesado y húmedo aire. Entre ellos hay alguien que no pertenece a su raza. Por su tamaño y estatura parece humano, aunque su túnica escarlata con capucha hace difícil estar seguro. Por un instante logras ver brevemente la máscara verde cristalina que le cubre la cara e inmediatamente comprendes que este ser es un Druida Cener. En su mano lleva una vara de oro que irradia el aura mágica que detectaste al entrar en el claro.
El Cener ordena a la manada detenerse. Cesan todo movimiento y miran con silencioso temor mientras alza su vara dorada y la usa para hacer un lento y cuidadoso barrido del claro. Apresuradamente haces uso de tus habilidades Magnakai de Invisibilidad y Sentido de la Orientación para evitar ser detectado cuando el Cener apunta directamente al edificio derruido.
Olas de energía psíquica fluyen a través de tu mente. Aumentan de intensidad constantemente, sondeando y probando tus defensas hasta el límite.
Si posees Muro Psíquico, pasa al 44.
Si no posees esta Gran Maestría, pasa al 298.
