281
La criatura finalmente supera tu voluntad y, en ese instante, ves cómo al reconocerte sus ojos se abren con pavor. Entonces adviertes que su huesuda mano se desliza rápidamente hacia un botón de alarma que sobresale de un lateral de su escritorio. Avanzas hacia la mesa pero es demasiado tarde: el botón ha sido pulsado.
