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El instinto te impulsa a coger un pedazo de hongo de tu Mochila y tragártelo entero. Segundos después de tragarte la carne seca como la yesca, notas una sensación de fortaleza que nace dentro de tu pecho. Tus ahogados pulmones dejan de arderte y puedes volver a respirar con normalidad.
Inmune a los insidiosos efectos de la nube de esporas, te abres camino por el túnel hasta una sección más despejada decenas de metros más adelante. Ayudado por un hongo de otro mundo, has sobrevivido a un encuentro con una colonia de letales esporas khloros. ¡Pocos pueden afirmar lo mismo!
