Los Señores de la Plaga de Ruel

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El suelo del túnel es principalmente piedra sólida pero está cubierta de roca pulverizada y basura podrida. Avanzas lentamente, pisando cuidadosamente entre los escombros para evitar hacer cualquier ruido que revelara tu presencia. El malsano hedor se intensifica a medida que exploras más profundamente este inquietante pasillo, y sientes una calidez que irradia desde tu pecho, como si tus pulmones hubieran sido reemplazados por dos ascuas ardientes. Tus habilidades curativas Magnakai te mantienen a salvo del peligro, pues el aire del pasillo está infestado por una hueste organismos microscópicos, una virulenta nube aérea de enfermedad.

Finalmente el túnel desciende hasta un rellano donde una escalera de piedra baja hacia la oscuridad. Aquí, a tu izquierda y derecha, ves dos pequeñas aberturas atravesadas por barrotes de hierro oxidado. Sólo el lento goteo de malsana agua interrumpe el silencio, pero tus súper sentidos detectan que esas celdas no están desprovistas de vida. Acurrucadas en la oscuridad hay formas negras azuladas, dobladas y enredadas de manera que forman una indecente masa sobre el suelo. Un ojo se abre lánguidamente, después otro, a continuación tres más. Lentamente, miembros y torsos se separan de la masa y se alzan vacilantes. Durante un instante logras ver a la criatura y quedas conmocionado por su repugnante rostro. Una cabeza caprina y peluda cuelga de un cuello serpentino, y se bambolea repulsivamente cuando la bestia se yergue tambaleante. Como el resto de las criaturas, su hinchado torso está plagado de enfermedad y putrefacción. Cuando se arrastra tambaleante hacia los barrotes, ves en sus infernales ojos un torvo resplandor verdoso. Al principio sientes una mezcla de repulsión y pena por las criaturas, pero este sentimiento es rápidamente reemplazado por frío miedo cuando adviertes que el resplandor verdoso no irradia de sus ojos—¡lo están reflejando!

Rápidamente giras sobre tus talones, e instintivamente agarras tu arma y la desenvainas. Frente a ti, en lo alto de las escaleras, se cierne una forma monstruosa, una intensa y resplandeciente llama verde. Dos tentáculos con forma de látigo se extienden amenazadoramente desde su cuerpo y unas terribles fauces se abren como una herida mortal donde, si fuera humana, debería estar una cara.

ilustración

Las bestias enjauladas arañan y hacen repiquetear frenéticamente los barrotes de sus celdas cuando la furiosa criatura planea silenciosamente hacia ti, con sus ardientes alas verdes.

Si posees Muro Psíquico, pasa al 211.

Si no tienes esta Gran Maestría, pasa al 152.

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