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Usando tus habilidades de camuflaje para ocultar tu paso, entras en el bosque y sigues el sendero en la más profunda penumbra. Tus sentidos cobran vida debido al mal que impregna cada raíz y rama de este horrible lugar y, a medida que la oscuridad te rodea, tus miedos se intensifican debido a una nauseabunda niebla que se filtra por el suelo. Su frialdad cadavérica te deja temblando, a pesar de todos tus esfuerzos por resguardarte de su húmedo toque.
Eres un Gran Maestro y la noche ya no restringe tu visión. Cuando el camino asciende hacia la cumbre arbolada, ves el perfil de una ruinosa atalaya de piedra en lo alto de una rocosa colina. Sientes que la torre está desierta y, ansioso por escapar de la niebla, escalas hacia una grieta en su base de granito. Te agachas para entrar por la irregular brecha y, al hacerlo, molestas a una hueste de criaturas con apariencia de cangrejo que estaban anidando dentro. Con frenesí se escabullen rápidamente de la torre, desapareciendo entre las rocas cercanas en un abrir y cerrar de ojos.
Dolorido por la fatiga, y consciente de los peligros que aún te esperan, te acomodas en una esquina de la torre semi-derruida e intentas dormir unas horas. Esta noche tu sueño es perturbado por extraños y desagradables sueños, creados a partir de los miedos reprimidos por tu mente consciente. Eres perseguido por formas fantasmagóricas que tienen el aspecto de amigos y compatriotas. Iniciados del Kai tutelados por ti y simples Somlendinos, cabizbajos y con sus caras picadas y desfiguradas por la plaga, caminan ante ti en una interminable procesión.
Te despiertas de golpe, con el pulso acelerado y tu frente brillando por las gotas de sudor. Al principio un sentimiento de desesperanza se apodera de ti, debido al intenso recuerdo de tu pesadilla, pero al recobrar la consciencia también regresa tu fuerza interior. Percibes los sueños como un aviso de lo que ocurrirá si fracasas en tu misión, lo que refuerza tu determinación de llegar a Mogaruith y frustrar el maligno plan de los Cener.
Has dormido varias horas y, al menos físicamente, te sientes descansado (recupera 3 puntos de RESISTENCIA). Con la débil luz de la mañana reúnes tu equipo y armas, y te preparas para continuar tu peligroso viaje a Mogaruith.
