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Tu golpe mortal decapita a la monstruosa criatura enviando su vil cabeza, cuyas fauces llena de colmillos todavía entrechocan, girando por el aire hasta que se sumerge en las aguas espumosas cercanas a la plataforma. Por unos momentos el bamboleante cuello, con el escamoso muñón rezumando sangre reptiliana, revuelve la superficie antes de ser tragado por las frías y oscuras aguas del lago subterráneo.
Dolorido y sin aliento, envainas tu arma, y entonces te limpias las salpicaduras de la sangre del Dholdaarg de la cara con el dorso de tu temblorosa mano. Los Tzargs, que permanecieron en silencio durante tu titánica lucha con el monstruo del lago, ahora golpetean los barrotes de su jaula y croan incesantemente. Entiendes su primitivo lenguaje lo suficiente como para darte cuenta que sus captores están regresando. Sin embargo, antes de que puedas reaccionar a su advertencia, una sacudida recorre los tablones del puente levadizo y te ves obligado a agarrarte fuertemente con ambas manos cuando éste empieza a descender dando sacudidas.
Inexorablemente el puente se acerca a la plataforma, acercándote palmo a palmo a las frías y ensangrentadas aguas del lago.
Si lo deseas, puedes saltar a la orilla del lago antes de que el puente levadizo descienda completamente, pasando al 96.
Si eliges permanecer donde estás, aferrándote a la parte inferior del puente, pasa al 112.
