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Tan pronto como tu mortal golpe parte el cuerpo de la criatura, las dos mitades explotan, esparciendo fragmentos momificados por toda la cámara. La fuerza te echa hacia atrás, y mientras caes, consigues vislumbrar una tenue y fantasmagórica sombra que sube hacia el techo. Se detiene un instante en mitad del aire, y entonces se filtra por el sólido techo como el humo a través de un velo.
Antes de dejar la cámara te detienes para registrar el cofre de piedra. Dentro encuentras algunos harapos podridos y una Llave de Cobre (si deseas quedarte con esta Llave, anótalo en tu Carta de Acción como un objeto de Mochila).
Maldiciendo tu mala suerte abandonas la cámara y te diriges hacia la puerta del laboratorio. Al otro lado de ésta descubres una serie de estrechos pasadizos que llevan a una antecámara. Esta sala abovedada está decorada con tapices que describen leyendas Cenerese. Innobles e infames acciones que fueron perpetradas durante la Era de los Antiguos Reinos, cuando, durante aproximadamente mil años, los Cenerese tiranizaron el Norte de Magnamund.
Una solitaria y pesada puerta de roble en el muro opuesto ofrece la única salida de la antecámara. Al acercarte, te das cuenta de que está entreabierta. De repente oyes un lúgubre cántico que surge de detrás de esta puerta. La curiosidad te empuja a mirar a través de la estrecha abertura y, en cuanto lo haces, un escalofrío recorre tu espalda cuando ves lo que hay tras el umbral.
