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Con jubilosa malevolencia la criatura Exterminus te atrapa con un abrazo y comienza a sacarte el aire de los pulmones. Entonces, con un demoníaco chillido de deleite, entierra sus afilados colmillos en tu cuello y un fogonazo de brillante luz blanca explota en tu cabeza.
La consciencia te abandona. Una sensación de caída abruma tus sentidos hasta que eres completamente consumido por un vórtice giratorio de oscuridad. La criatura ha tomado tu vida, pero más que eso, te ha sentenciado a un terrible castigo. Has sido enviado a un reino donde el poder del Bien no prevalece. Has sido atrapado por el alma del mismo Naar, el Rey de la Oscuridad, y como su prisionero permanecerás condenado a vagar por sus dominios durante toda la eternidad.
Trágicamente, tu búsqueda termina aquí.
