163
Marchando hombro con hombro la macabra horda avanza, hambrienta de carne libre de enfermedad y podredumbre. Sacas tu arma apresuradamente y susurras una oración al dios del Sol Kai para que te proteja en este momento decisivo. Entonces la primera oleada llega corriendo y cae sobre ti con furia ciega. Con extraordinaria velocidad les asestas golpes que sellarían el destino de cualquier mortal, pero de sus terribles heridas no mana sangre ni icor.
Cortas y acuchillas sin descanso sus brazos para evitar que te aferren con sus garras. Ellos profieren alaridos, pero no de dolor; los espantosos gritos son alegres y triunfantes. No importa lo hábilmente que luchas, no puedes contener su número e implacablemente, centímetro a centímetro, te ves empujado cada vez más cerca de los fosos. En cuanto comprendes su estrategia cambias tu método de ataque, y diriges tus golpes a lo que parecen ser las piernas de las criaturas. Incluso así, separadas de sus miembros, las criaturas continúan avanzando abriéndose camino sobre sus vientres mientras los que vienen por detrás les pasan por encima.
De repente el avance se detiene y los aullidos cesan. El siniestro muro de criaturas retrocede algunos metros y cierran filas preparados, quizá, para el ataque final. Entonces, como uno solo, abren sus bocas y sueltan una carcajada como nunca habías oído. Sientes dolor en tus sienes y desesperadamente levantas tus defensas mentales para repeler este maremoto de maligna energía psíquica.
Si posees la Disciplina de Gran Maestro Muro Psíquico, pasa al 194.
Si no tienes esta habilidad, pasa al 65.
