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Las columnas de hombres-rata no te prestan atención, pero tu compañero no-muerto recibe chillidos de indignación de alguno de ellos conforme te acercas a su imponente fortaleza.
Caminar a través del puente levadizo, ennegrecido por el tiempo, hacia la puntiaguda torre de Mogaruith, resulta ser una experiencia enervante. Es como si estuvieras andando sobre una lengua ennegrecida y te dirigieses hacia la garganta de un dragón gigantesco. Además, el burbujeante foso libera gases repugnantes que inundan tus fosas nasales con un horrible hedor dulzón, que obstruye tus pulmones y difumina tu visión. Echas mano de tus habilidades Magnakai y tu vista se despeja, pero lo que observas delante de ti no te invita a seguir.
En la torre los guardias Vazhag expresan su disgusto por tu compañero. Usando tus Disciplinas Magnakai de Control Animal y Rastreo para ayudar a tu engaño, les dices que hay asuntos urgentes que te han traído aquí desde el sur. Exigen que te identifiques y que les digas por qué estás cargando con un no-muerto. Intentas embaucarles, pero notas que la presencia del zombi está empezando a atraer la atención de otros guardias Vazhag.
Uno de los hombres-rata acerca su hocico a tu máscara y te dice, para tu sorpresa, que puedes entrar en Mogaruith; pero que antes debes informar de tu llegada. Señala una puerta de la torre y te pide que entres. ‘Allí,’ dice, ‘puedes registrarte.’
Inmediatamente tu Disciplina Magnakai de Adivinación te advierte de que el Vazhag está mintiendo; una celda es lo único que te espera detrás de esa puerta.
Si deseas hacer lo que el Vazhag te pide y entras por la puerta, pasa al 30.
Si te niegas a entrar, pasa al 162.
Si intentas distraer a los guardias Vazhag, pasa al 256.
