Los Señores de la Oscuridad

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Con el corazón latiéndote de expectación, recorres con la mirada las paredes de granito gris de una bóveda subterránea: tu paso por la Puerta de las Sombras te ha devuelto a tu país de origen. Estás en la Cámara del Destierro, una sala situada en lo más profundo de la sede del Gremio de la Estrella de Cristal de Toran. Ante ti, e iluminados por la luz de varios cirios, hay una línea de asientos similares a tronos. Dos hombres, ambos ataviados con túnicas de seda, están sentados en el centro con la cabeza inclinada y las manos juntas en oración silenciosa. El sonido de tus pasos los despierta de su meditación y, cuando levantan la cabeza, reconoces la cara de tu amigo Banedon y la de tu preceptor, Lord Rimoah, el portavoz del Gran Consejo de los Ancianos Magos.

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-¡Los dioses sean alabados! -resuella Rimoah, abriendo los ojos con asombro-. Skarn ha vuelto. La profecía se ha cumplido.

Lentamente se levantan y se acercan para saludarte; sus movimientos son vacilantes e inseguros, apenas capaces de creer que estás vivo. Serenamente les aseguras que no están soñando, que has sobrevivido a tu destierro en el Plano del Daziarn y has vuelto, más decidido que nunca a vengarte del Señor de la Oscuridad Gnaag.

Ávidamente Rimoah y Banedon escuchan como les cuentas tus experiencias en el Daziarn y, cuando has terminado, te relatan lo que ha ocurrido en Magnamund durante tu ausencia. Aunque te parecía que habías estado poco más de unos días en el Daziarn, más de ocho años han pasado desde que Gnaag te hizo entrar en la Puerta de las Sombras de Torgar.

-Enseguida proclamó tu muerte -dice Banedon, mientras despliega un mapa del norte de Magnamund en el suelo de la cámara-. La noticia fue un duro golpe para todos nosotros.

Lord Rimoah se arrodilla y señala en el mapa la ciudad de Torgar con la punta de una delgada vara de cristal.

-Después de tu desaparición, mataron a Lord Adamas y los ejércitos aliados fueron expulsados rápidamente de Torgar. Gnaag se declaró invencible y, como consecuencia de su victoria, las derrotas de los Señores de la Oscuridad finalizaron pronto a lo largo de Magnamund central. Una terrible sensación de desesperanza invadió a los aliados y fue explotada de lleno por el malévolo Gnaag. Sus hechiceros, los Nadziranim, crearon unos dispositivos a los que llaman «Tanoz-tukor», que permiten a cada uno de los Señores de la Oscuridad sobrevivir en territorios situados fuera de su reino maldito. Anteriormente habían sido incapaces de resistir más allá de las Tierras Oscuras durante mucho tiempo, y, en el transcurso de estas raras y breves incursiones, sus poderes se reducían considerablemente. Ahora pueden comandar personalmente a sus ejércitos en la batalla, y se han mostrado ávidos de ejercer su recién adquirida libertad.

-La guerra contra los Señores de la Oscuridad está casi perdida -continúa Banedon, con los ojos fijos en el mapa, que está cubierto de marcas negras que indican el aterrador número de países que Gnaag ha incorporado a su imperio-. Con la ayuda de nuestros aliados de Durenor, Sommerlund ha resistido hasta ahora los intentos de invasión, pero actualmente nos encontramos aislados de la ayuda de Durenor por el cerco de los navíos de guerra de los Señores de la Oscuridad. Aquí -dice mientras señala el golfo de Helenag- es donde Gnaag ha construido una gran base naval. Se llama Argazad, y es desde ahí desde donde lanza su flota de acorazados para asediar nuestra costa. La armada sommerlundesa no es rival para estos monstruos del mar mecanizados, y sin las tropas, comida y armas que hemos estado recibiendo por el mar desde Durenor, nuestros días están contados.

Lord Rimoah se pone en pie y te mira fijamente a los ojos.

-Tu habilidad, tu valentía y tu solemne promesa de vengar la masacre del Kai son las llaves de nuestra salvación. Sólo tú, Lobo Solitario, puedes salvarnos ahora. Tú eres nuestra única esperanza en esta hora de oscuridad.

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