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Tus sentidos te avisan de que gran parte de la segunda cubierta, severamente debilitada por el ataque del Xargath, está a punto de derrumbarse bajo el peso de los hombres que luchan sobre ella. Prevenido por tu habilidad del Magnakai, gritas una orden a los kirlundinos para que se retiren hacia la proa. Te obedecen inmediatamente, deteniéndose solamente para ayudar a los heridos que no pueden moverse, y se apartan del combate con rapidez antes de que los Drakkarim reanuden la ofensiva. Segundos después, las maderas se parten con un crujido ensordecedor y los soldados enemigos desaparecen en las entrañas de la nave gritando y maldiciendo.
