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Ante ti se presenta un magnífico guerrero, alto y ancho de hombros, vestido de raso púrpura y cota de malla de brillante acero. Clava la mirada en ti con sus ojos verde jade y dice:
-Yo soy el Capataz de Esclavos. Quítate la máscara, Drakkar, y revela tu verdadera identidad.
Tus sentidos del Kai te indican que este hombre dice la verdad: él es el Capataz de Esclavos de Aarnak y ha reconocido las palabras que te identifican como agente de los Ancianos Magos. Pero los muchos años que lleva como sirviente de los Señores de la Oscuridad lo han hecho muy precavido de las intrigas, y hasta que no te quitas el yelmo y ve tus inequívocos rasgos sommerlundeses, no te acepta como tal.
-Mucho tiempo he esperado este momento -dice serenamente-. Sé por qué has venido y te ayudaré en todo lo que pueda.
-Pero ¿por qué? -le replicas, ahora sospechoso de sus verdaderas intenciones-. ¿Por qué vas a traicionar a tus amos? ¿Acaso no te han dado todo el poder que les has pedido?
-¡Sí!, lo han hecho, pero a un gran precio. Desde que empezó la guerra, han demandado que las fundiciones y las canteras de mineral de Aarnak produzcan cada vez más suministros de acero negro. Las cuotas son ahora imposibles y temo que esté cerca el día en que ya no les pueda ser útil. Con el tiempo los Señores de la Oscuridad destruyen todo lo que está bajo su control: ciudades, países, razas, incluso a su propia gente. Los Ancianos Magos me han prometido asilo a cambio de mi ayuda, y eso es lo que haré, pues mi vida depende de tu éxito.
Sonríe divertido ante la ironía de la situación. Después te invita a seguirlo a una cámara contigua.
-Ven, debes prepararte para tu viaje a la Ciudad Negra.

