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Aturdido por el impacto, no consigues sentir o ver a los cuatro soldados Giaks que ahora avanzan sigilosamente hacia ti con los arcos preparados para disparar. El siseo de sus flechas negras te hiela la sangre momentos antes de que las puntas se claven profundamente en tu pecho. El dolor te golpea como una oleada a través de tu cuerpo, pero la agonía pronto se disipa y te sumerges rápidamente en un sueño del que nunca despertarás.
Tu vida y tu misión encuentran en la cordillera Durncrag su trágico final.
