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Le asestas el golpe mortal y saltas a la cubierta mientras el Xargath, en una última demostración de fortaleza, consigue liberar su cabeza de las maderas que la aprisionaban. Sus ojos verdes se ponen en blanco y deja escapar un alarido tan fuerte que hace que tengas que taparte los oídos por miedo a quedarte sordo. El grito va creciendo en intensidad hasta que la criatura se desploma de costado y rueda por la cubierta hasta caer con un fuerte estruendo al brumoso mar.
