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Escapas del enemigo y te escondes en un estrecho callejón, donde esperas en silencio. Cuando estás seguro de que nadie te sigue, continúas por las calles de esta malvada metrópoli.
El camino de delante es iluminado momentáneamente por la explosión de una bola de fuego, que cubre este sector de la ciudad con una lluvia de chispeantes cenizas. Gracias a la breve luz de la explosión, eres capaz de discernir que la calle por la que caminas es un callejón sin salida que termina abruptamente en una torre cuadrada.
Una criatura, con el cuerpo y el rostro cubiertos por una túnica semejante a un sudario, permanece en guardia a la entrada del enorme edificio, sosteniendo en sus garras de buitre una vara de hierro que crepita con mágicas llamas azuladas.
El sonido de gritos aullantes resuena en la oscuridad tras de ti, avisándote de que estás siendo perseguido. En lugar de girarte y enfrentarte a tus perseguidores, decides tomar refugio en la torre, pero para ello debes primero ocuparte del guardia.
Si tienes un Arco y quieres usarlo, pasa al 324.
En caso contrario, pasa al 156.
