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El Giak te arrebata las monedas de la mano y emite un gruñido de aprobación.
-¡Dez ar ok! -dice, y te conduce por el camino. (Borra la mitad de las Kikas que posees de tu Carta de Acción).
Lo sigues a través de un laberinto de calles llenas de basura, viviendas oxidadas y chozas miserables, hasta llegar a una torre de hierro en el corazón de la ciudad. A diferencia de todo lo demás, parece que la corrosiva atmósfera no ha afectado a la torre: su superficie carece de brillo, pero no tiene signos de deterioro. El Giak habla con otro que guarda la entrada abierta de la torre y este se aparta inmediatamente para permitirte entrar en la sombría planta baja.
