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Te lanzas hacia él y le asestas un golpe que habría decapitado a cualquier criatura mortal. Pero en el mismo momento en el que toca la carne de Taktaal, tu arma se desintegra en una lluvia de chispas. El Señor de la Oscuridad se ríe mientras te rodea el cuello con sus garras y lo aprieta hasta que la vida te abandona.
Trágicamente, tu vida y tu misión acaban aquí, en la Torre de los Condenados.
