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El Giak gime y se aprieta las heridas mientras se tambalea hacia atrás hasta que cae sobre un montón de barriles y cajas. Con curiosidad por saber qué transportaban, haces rodar su cuerpo a un lado y, haciendo palanca, abres la caja más grande y examinas su interior. Está repleta de uniformes para Giaks y para Drakkarim, suficientes para vestir a cien soldados. Las otras cajas contienen un surtido de armas y de equipo militar diverso, y los barriles están llenos de un vino tan repugnante que ni se te ocurre probarlo. De pronto una idea te viene a la mente, una idea que podría hacer el viaje a través de las Tierras Oscuras mucho más fácil e incrementar las posibilidades de éxito de tu misión.
