332
Tus reflejos, rápidos como un relámpago, te salvan de ser alcanzado por la pesada botavara, pero no puedes evitar la vela en llamas. En cuestión de segundos, te ves completamente envuelto en fuego y humo. Instintivamente te esfuerzas por liberarte, pero de pronto te das cuenta de que tus ropas no arden y de que las lenguas de fuego que lamen tus manos y tu cara no te causan ningún dolor. Con tranquilidad te desenvuelves de la lona ardiente y emerges sin quemaduras.
