326
Con estremecimiento, miras a través del grueso y mugriento cristal de una portilla del casco y contemplas asombrado el espectáculo imponente que es Helgedad. Encaramada en lo alto de una isla de granito situada en el centro de un inmenso y ardiente abismo, se encuentra la poderosa ciudad-fortaleza, el mismísimo núcleo de un cáncer que amenaza infectar y destruir todo lo bueno en Magnamund. Grandes murallas de acero negro la rodean, tras las cuales se alzan mil torres y torrecillas puntiagudas que acogen a los Señores de la Oscuridad y a sus seguidores. Sobre la ciudad flota un hirviente manto de humo negro que la mantiene eternamente en tinieblas. Esta nube está alimentada por los gases de los cráteres volcánicos del Naogizaga, y las fétidas emisiones de los laboratorios Nadziranim, de las fraguas de armas y de los infernales fosos de cría en la base del abismo la hacen aún más nociva.
![]() |
||
Esporádicamente la oscuridad es iluminada por bolas de fuego que parecen formarse espontáneamente entre los negros vapores. Giran y sobrevuelan la ciudad como meteoritos demoníacos antes de explotar o simplemente derretirse en una lluvia de chispas. Un puente de retorcido acero negro une Helgedad a los yermos del Naogizaga. Mientras el Lajakeka lo atraviesa lentamente entre chirridos, miras hacia las profundidades ardientes del Nengud-kor-Adez, el lago de Sangre, y te amedrentas ante el terrible espectáculo que se presenta a tus ojos.

![[ilustración]](small1.png)