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La Flecha alcanza la oreja de la criatura, pero no consigue penetrar en el canal auditivo. Rebota en una cresta de escamas córneas y cae al mar inofensivamente. Maldiciendo tu mala suerte, empuñas un arma de mano, ya que el Xargath avanza con incesante determinación y abre sus fauces al prepararse para tragarte entero.
