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Tus sentidos del Kai te advierten que si fueras capaz de invertir el tubo, la aceleración de potencia dentro del tanque anaranjado produciría una inmediata y devastadora explosión. En lugar de arriesgar tu vida y tu misión manipulando el tubo, decides, en cambio, quitar parte del tejido que aísla los cables que pasan cerca del tanque. Puede que los efectos de este sabotaje no se noten hasta algún tiempo después de que el buque haya zarpado, pero cuando los cables acaben desintegrándose, el monstruo metálico se verá privado de su fuente de energía. Si esto pasase durante una de las frecuentes tormentas del mar de Kalte, una embarcación de hierro tan grande como esta zozobraría con toda seguridad y se hundiría sin dejar rastro.
