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Te metes apretadamente en un reducido espacio entre las rocas y escuchas el chirrido de las ruedas del carro sobre el irregular sendero de piedra conforme se va acercando. Entonces una voz de Drakkar grita:
-¡Koga! ¡Okim dag nadulheza!
Los ruidos cesan abruptamente. Aguzas el oído tratando de percibir algún indicio de lo que el enemigo está haciendo, pero todo lo que puedes oír son voces apagadas y el tintineo de bridas y frenos. Luego oyes como la escolta Drakkarim abandona el sendero y desmonta cerca de donde estás escondido. Tu pulso se acelera cuando comprendes que se están preparando para acampar aquí toda la noche.
Afortunadamente, debido a que están en lo más profundo de su propio territorio, los Drakkarim no se molestan en inspeccionar los alrededores y tu presencia no es detectada. Escuchas atentamente sus conversaciones, pero descubres poca información útil, salvo que provienen de Argazad y están de camino al puesto avanzado situado en la entrada del paso de Durncrag. Después de comer, se ponen a jugar a las cartas, pero apenas llevan jugando unos minutos cuando uno de los Drakkarim es acusado de hacer trampas. Comienzan a discutir acaloradamente y sólo la intervención de su comandante, un sargento, para poner fin a la disputa evita el derramamiento de sangre. El sargento encuentra un puñado de cartas escondidas en la manga del Drakkar. Airadamente denuncia el engaño y le ordena volver a Argazad al amanecer. La partida se acaba, y, cuando los enfadados Drakkarim se disponen a dormir, se te ocurre un audaz plan que podría hacer mucho más fácil tu viaje a través de las Tierras Oscuras y tu entrada en Argazad.
