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Coges el Petardo del bolsillo y lo arrojas a la oscuridad. Impacta en el acero y explota con una luz cegadora, iluminando por un instante la atestada sala de mandos y los rostros sorprendidos de los marineros Drakkarim. Compruebas que te sobrepasan ampliamente en número, pero al menos la ráfaga de luz te permite ganar unos segundos preciosos que aprovechas para escapar a la cubierta de arriba.
