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El alba llega, y su luz brumosa apenas ilumina los bancos de nubes grises que se arremolinan sobre esta tierra inhóspita y desolada. La lluvia ha cesado, pero el viento frío todavía sopla fuertemente, depositando parches de escarcha que blanquean la tierra pedregosa. Compruebas tu equipo y recuentas las provisiones antes de encaminarte hacia una distante cadena de colinas. Eres consciente de que la luz de la aurora ha aumentado el riesgo de que una patrulla de Giaks te encuentre si permaneces demasiado tiempo en un lugar, especialmente tan cerca de la costa.
Es casi mediodía cuando alcanzas por fin la cima de las colinas y oteas el valle que se extiende al otro lado. Es un interminable paisaje yermo de simas y riscos, peñascos dentados y pedregal. Un sendero trillado y escabroso sigue el curso de un arroyo que serpentea hacia su nacimiento, en lo profundo de una elevada cadena de montañas que domina el horizonte. Usando tu mapa y tus Disciplinas básicas del Kai de Rastreo y de Caza, concluyes que las montañas son el extremo noroeste de la cordillera Durncrag. Más allá de ellas deben estar el golfo de Helenag y la base naval de Argazad. Una sensación de pavor se apodera de ti cuando comprendes que casi quinientos kilómetros de terreno hostil te separan de Aarnak, la fortaleza donde debes reunirte con el Capataz de Esclavos. En silencio miras fijamente las imponentes montañas y te concentras en encontrar una solución a tus dificultades. Finalmente, formulas un nuevo plan de acción.
