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Empleando tus avanzadas habilidades del Kai, te descuelgas por el borde del sendero y comienzas el arriesgado descenso hacia la playa. Por dos veces tus manos se sueltan, pero tus reflejos te salvan de caerte hacia atrás a una muerte segura. De lo alto te llegan los gritos airados de los Giaks cuando confluyen las dos patrullas de búsqueda y descubren que has huido. Se culpan unos a otros por permitir tu fuga, y, en la consiguiente reyerta, más de un cuerpo se precipita gritando a las rocas de abajo. Comienzan a llover flechas desde el borde del acantilado, pero su puntería es pésima y pocas se aproximan a menos de un brazo de distancia de tu posición. Al poco tiempo el orden vuelve a imperar y los Giaks comienzan el descenso por el empinado sendero, pero ya es demasiado tarde para que te atrapen y escapas en dirección norte a lo largo de la playa.
