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Desenvainas tu arma e intentas parar la espada de Gnaag, pero su hoja sobrenatural la atraviesa y se incrusta en tu pecho profundamente. Un escalofrío recorre tu cuerpo y sientes como tu pecho se oprime cuando Gnaag retira su diabólica hoja. La oscuridad se apodera de tu visión y tus oídos se colman de unos horribles sonidos: la risa burlona del Señor de la Oscuridad Gnaag. Alza su infernal espada, Nadazgada, y se prepara para darte el golpe de gracia, que terminará con las esperanzas de aquellos que se oponen al imperio de las Tierras Oscuras.
Tu vida y tu misión terminan aquí.
