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Durante dos días y dos noches, la Intrépida surca aguas tempestuosas impulsada por un viento gélido que sopla desde los glaciares de Kalte en el norte. El mar se vuelve cada vez más peligroso, con chubascos de aguanieve y tormentas eléctricas que estallan de repente. Sin embargo, el alba del tercer día anuncia un cambio súbito en el tiempo: niebla, una desagradable humedad sin viento, gris y silenciosa, que impide ver a más de un brazo de distancia y deja a la tripulación empapada y con escalofríos. Muchos miran envidiosamente tu capa de piel de Kalkoth mientras se ocupan con silenciosa desazón de sus tareas de las primeras horas de la mañana.
-Maldita sea esta niebla -refunfuña el Capitán Borse, contemplando con impotencia la neblina húmeda que mantiene la nave al pairo-. Mejor un ventarrón o una tormenta del mar de Kuri que esto.
Durante innumerables horas la nave permanece inmóvil, meciéndose suavemente en un mar frío y apático. Mirando fijamente el velo de niebla, es fácil imaginar toda suerte de criaturas al acecho en su interior. El inquietante silencio no contribuye a aliviar los miedos supersticiosos de la tripulación, y cuando de repente la calma se ve perturbada por un banco de carpas de mar de aletas rojas, más de un hombre grita de asombro y sorpresa.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Control Animal, pasa al 305.
Si no posees esa habilidad, pasa al 60.
