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En un trono de granito tallado, rodeado por siete pilares de fuego, se sienta un ser cuya forma irradia pura maldad. Una amplia túnica gris amortaja su cuerpo de esqueleto y ciñe una garganta fibrosa que se infla y se desinfla repulsivamente cuando inhala el aire sulfuroso. Con un dedo en forma de garra se rasca nerviosamente la piel tirante y llena de ampollas que le cubre el inflamado lado izquierdo del rostro, intentando en vano enganchar la cabeza de un parásito serpentiforme que se aloja en su mandíbula. Sus ojos, profundamente hundidos en las órbitas y enrojecidos por el dolor insufrible de su aflicción, arden con un fanatismo enfermo mientras escucha con impaciencia las súplicas y excusas ofrecidas por los dos, el hombre de rojo y otro, que están de pie ante él, inclinados humildemente en señal de reverencia.
Los desafortunados mortales se defienden hablando en la lengua de Vassagonia, un idioma que dominaste hace tiempo. Hablan de retrasos en la construcción de un acorazado poderoso, de escasez de material y de muy poco tiempo para terminar su trabajo. Sus palabras encolerizan al que está sentado. Los maldice, y el suelo se estremece bajo el peso de su voz antinatural.
-¿Os atrevéis a desafiarme? -ruge-. ¿Queréis sufrir la ira de Kraagenskûl, Señor de Argazad? ¡Necios! Sabed esto. Si el trabajo no se completa antes de la próxima luna, desearéis verdaderamente estar muertos. Mil años de agonía serán el premio para vuestro fracaso. ¡Mil años sin morir en los calabozos de Helgedad!
Excitado por su propia furia, el cadavérico Señor de la Oscuridad Kraagenskûl se levanta de su trono y saca la espada que llevaba envainada a su lado. La hoja no se parece a nada de lo que jamás hayas visto. Es totalmente negra, un negro tan denso que parece completamente separada del puño, como un desgarrón a través del cual vislumbras las profundidades de pesadilla del espacio. Dirige la punta hacia los dos atemorizados hombres para reforzar su amenaza, pero la hoja se rebela. Se mueve de forma descontrolada y apunta acusadoramente hacia el lugar donde estás escondido. El Señor de la Oscuridad entorna sus ojos salvajes y una oleada de energía psíquica golpea tu mente.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Pantalla Psíquica, pasa al 21.
Si no posees esa habilidad, pasa al 267.

