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Usando tu avanzada habilidad del Magnakai, te concentras en un peñasco cubierto de maleza que está situado a tu izquierda, lejos de donde te encuentras. Los Giaks, conducidos por su explorador, se dirigen apresuradamente hacia allí con las lanzas en ristre. Se ríen con regocijo ante la idea de matar a otro indefenso sommerlundés, pero cuando llegan al peñasco descubren, naturalmente, que nadie se oculta tras él. Los sonidos de sus viles maldiciones se apagan poco a poco a medida que te alejas sigilosamente por la playa.
