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Desenvainas la Sommerswerd y la umbría cámara se inunda de una cegadora luz dorada, como si un sol hubiese surgido con una gran llamarada bajo su negra bóveda. Las paredes de acero vibran y se comban bajo el torrente de energía pura que irradia la hoja de la espada. Hasta ahora el poder de la Espada del Sol había estado bajo control, aprisionado y atenuado dentro de su divina hoja. Incluso el rayo de energía que destruyó al Señor de la Oscuridad Zagarna a las puertas de Holmgard no fue más que el parpadeo de una vela comparado con el ardiente fulgor que fluye ahora de su punta.
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Por un momento ves como brillan de locura y pánico los ojos de mosca de Gnaag, antes de que sea consumido por el poder de la Sommerswerd y se vaporice en átomos invisibles. Con un grito de victoria, envainas la Espada del Sol y miras fijamente el lugar donde, sólo unos segundos antes, tu archienemigo se enfrentó a ti.

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