19
En cuanto el nombre sale de tus labios, la punta del fragmento de cristal comienza a brillar con una luz ambarina. En ese momento el guardia alcanza una palanca en la pared y, antes de que puedas impedirlo, tira de ella y hace sonar metálicamente una campana de alarma. En unos segundos el patio se encuentra inundado por una legión de monstruos de pesadilla que gruñen, chillan histéricamente y lanzan feroces dentelladas. Se abalanzan sobre ti y, aunque consigues matar a muchos, finalmente te doblegan y te arrastran encadenado ante el Señor de la Oscuridad Gnaag. Con cruel satisfacción, ordena que seas arrojado al lago de Sangre, donde tu sufrimiento sin fin alimentará sus diabólicas llamas por toda la eternidad.
Desgraciadamente, en el umbral de tu victoria, tu vida natural y tu misión acaban aquí.
