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El tentáculo vacila y luego retrocede de modo titubeante hasta el borde del abismo. Vigilas su retirada, con una Flecha apuntándolo y los ojos fijos en un punto situado cerca del centro del negro y aterciopelado miembro. Este continúa alejándose, y cuando le falta poco para desaparecer de tu vista, se oye un ensordecedor chillido. De improviso algo enorme surge violentamente de la grieta y se eleva a una velocidad tan grande que no puedes distinguir bien lo que es. Instintivamente apuntas al centro de esta forma negra y bulbosa y lanzas la Flecha, que vuela silbando hacia lo que viene como un rayo contra ti. La saeta impacta y la criatura chilla de nuevo, esta vez de dolor.
Te tiras en plancha al suelo para evitar el golpe de este horror aullante, pero te roza el cuero cabelludo antes de estrellarse contra la pared de la caverna. Miras atrás, esperando verlo muerto en el suelo, pero para tu sorpresa ves que aún se mueve. Como un globo pinchado, rebota en la pared y luego se eleva en espiral hacia el techo, donde se clava en un puñado de estalactitas, que se rompen y se vienen abajo ante el impacto de su enorme peso. Por un fugaz instante vislumbras sus horribles rasgos: una cabeza córnea en forma de pera y antenas de punta bulbosa. La criatura cae a plomo y desaparece por última vez en las profundidades, negras como el carbón, de la grieta.
