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La noche ha caído rápidamente, pero la luna llena te permite ver. Sus rayos atraviesan la oscuridad y bañan el paisaje con una fantasmal luz cenicienta. La marea te lleva velozmente hacia una playa de guijarros cubierta de grandes rocas alisadas por el mar. El sonido del oleaje y los graznidos de las aves de rapiña marinas resuenan a lo largo de este yermo litoral. Es un sonido poco acogedor, frío y hostil, un apropiado reflejo de la tierra en la que te encuentras.
A unos diez metros de la pedregosa playa, saltas al agua, que te llega a la altura de los muslos, y caminas con dificultad hasta la orilla. Aunque no ves ninguna señal de patrullas enemigas, mantienes la cabeza agachada mientras corres desde la playa hacia la base de la escarpada pared de un acantilado. Por casualidad encuentras un estrecho sendero que se aferra inestablemente a la ladera del precipicio y va subiendo en zigzag hasta la cima. La subida es larga y ardua, y cuando alcanzas la cumbre el tiempo ha empeorado. Un viento helado, cargado de lluvia, sopla tierra adentro desde el mar. Su gélido azote va acompañado de relámpagos difusos que iluminan el paisaje ante ti. Los destellos blanquiazulados revelan un inmenso mundo muerto de riscos y espolones llenos de hoyos, donde cada árbol está petrificado y cada roca se asemeja al cráneo de un muerto. Te aprietas la capa sobre los hombros y te encaminas hacia un cerro repleto de oscuras hondonadas, con la esperanza de que alguna de ellas te sirva de refugio contra la tormenta que se avecina.
Al llegar a la cima, descubres que la mayoría de las hondonadas son solamente montones de tierra oscura que rellenan las innumerables cavidades de la roca. La lluvia es ahora torrencial, y estás empezando a abandonar toda esperanza de encontrar un refugio seco, cuando de repente tus instintos de rastreo te alertan de una abertura, semejante a la entrada de una caverna, al otro lado del cerro. Investigas y descubres que se trata, en efecto, de la boca de una cueva, resguardada del viento y del agua y, para tu alivio, completamente vacía. Tienes ahora mucha hambre y debes tomar una Comida o perder 3 puntos de RESISTENCIA.
Si posees las Disciplinas del Magnakai de Control Animal y de Adivinación, pasa al 234.
Si no posees ambas habilidades, pasa al 307.
