Los Señores de la Oscuridad

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-Hace tres meses, en el día en que los sommerlundeses celebráis la Fiesta de Fehmarn, presentí en un sueño tu retorno a este mundo, el lugar y la hora de tu venida -dice Rimoah reverentemente-. Todos mis hermanos y yo consideramos este sueño como una señal del Dios Kai de que no habías muerto en Torgar, y desde ese día hemos preparado tu retorno para ayudarte a cumplir tu promesa y librarnos de la tiranía de los Señores de la Oscuridad. Con la ayuda del Maestro del Gremio Banedon, hemos concebido un plan que puede lograr una victoria definitiva. La derrota de los Señores de la Oscuridad en el campo de batalla es ahora imposible; exceden a los ejércitos aliados en gran número y estos apenas pueden proteger lo poco que queda de las tierras libres. La única manera que tenemos de librarnos de este mal es destruyendo a Gnaag y el Transfusor, el dispositivo que transmite energía al Tanoz-tukor. Los dos están en Helgedad.

Oír el nombre de esa ciudad dicho en alto es suficiente para que un escalofrío recorra tu cuerpo, y la idea de aventurarte a entrar allí para destruir a su gobernante te inunda de un gélido terror.

-Es una tarea desalentadora la que te pedimos que intentes, Lobo Solitario -dice Banedon, dándose cuenta de tu ansiedad-, pero sólo tú tienes alguna posibilidad de completar con éxito esta misión desesperada. Puede que te sirva un poco de consuelo saber que, con los Señores de la Oscuridad dirigiendo a sus ejércitos en el campo de batalla, las defensas de la Ciudad Negra son ahora más débiles que nunca. Sólo Gnaag y su segundo en jerarquía, el Señor de la Oscuridad Taktaal, residen allí ahora mismo.

-¿Hablaste de un plan? -preguntas, devolviendo la mirada al sabio rostro de Lord Rimoah.

Sin contestar, se agacha y saca una bolsa de cuero de debajo de la silla en la que estaba sentado cuando entraste en la cámara. Contiene lo que parece ser una masa de cristales triangulares unidos entre sí. Enseguida reconoces su propósito. Es una potente carga, similar a la que Lord Adamas usó para destruir la puerta de Torgar.

-Esto destruirá el Transfusor -dice Rimoah, mientras sostiene el cristal explosivo.

Señala un fragmento que es más largo que los otros y te dice que el dispositivo se activa extrayéndolo e insertando la punta en el centro.

-Debe ponerse bajo el Transfusor y detonará exactamente quince minutos después de que se cebe.

Cuidadosamente vuelve a colocar el explosivo en la bolsa y te lo ofrece.

-Pero ¿cómo conseguiré entrar en Helgedad? -preguntas, al tiempo que aceptas el mortal paquete con inseguridad.

-Hemos hecho los preparativos -te contesta Banedon, señalando una vez más el mapa-. Una carabela está anclada en el puerto de Toran. Al amparo de la oscuridad, burlará el bloqueo y luego navegará hacia el este para engañar al enemigo de forma que piense que se dirige a Durenor. Cuando no haya peligro, la nave virará en redondo y pondrá rumbo a Dejkaata. Allí los bajos están libres de bancos de hielo en esta época del año, por lo que el capitán debería poder atracar en la costa, cerca del estuario de Aarnak. Desde allí debes ir por tus propios medios hasta la fortaleza de Aarnak, donde buscarás al Capataz de Esclavos. Es uno de nuestros agentes y puedes confiar en él. Te reconocerá si dices las palabras «Sommerlund está ardiendo». Él es el único que sabe dónde está situado el Transfusor en Helgedad y puede hacer que tu viaje hasta la ciudad sea seguro y confidencial. Una vez dentro, debes destruir a Gnaag y el Transfusor tan rápidamente como te sea posible.

-Y una vez que haya completado la misión, ¿cómo escapo entonces? -preguntas.

-Deberás ir de un modo u otro a Aarnak. La muerte de los Señores de la Oscuridad anunciará el éxito de tu cometido, y entonces organizaremos una expedición para traerte sano y salvo a casa. Pero hasta ese momento nadie debe saber tu verdadera identidad o la razón de tu viaje a Helgedad.

Silenciosamente contemplas las características de esta asombrosa misión, sus peligros y las consecuencias terribles que sufrirá Magnamund si fracasas. Finalmente, levantas los ojos del mapa y fuerzas una sonrisa.

-¿Cuándo debo partir? -preguntas valientemente.

-Mañana por la noche -contesta Banedon-. Una hora después del ocaso.

Anota el Cristal Explosivo en tu Carta de Acción como un Objeto Especial que llevas atado a la Mochila. Si ya llevas el número máximo de Objetos Especiales, debes desechar uno en favor del Cristal Explosivo.

Si posees la Sommerswerd, pasa al 282.

Si no posees ese Objeto Especial, pasa al 229.

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