Los Señores de la Oscuridad

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La criatura exhala un último bramido de agonía y enmudece. Su gran volumen ocupa casi toda la entrada de la cueva. El hedor de la sangre derramada, así como el pelo grasiento e incrustado de mugre que cubre su torso, te revuelve el estómago. Sin embargo, el cuerpo del Egorgh está sirviendo para algo útil. No sólo te está resguardando del helado viento y de la fría lluvia, sino que cualquier otra criatura que quisiese atacarte, tendría grandes dificultades para entrar en la cueva. Seguro de que es poco probable que seas perturbado de nuevo, te sumerges en un muy necesitado sueño.

Pasa al 300.

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